DESARROLLO Y CRECIMIENTO

Como dijo Kenneth Boulding, «quien crea que un crecimiento exponencial puede durar siempre en un mun­ do finito o es un loco o es un economista»

Por otra parte, el desarrollo instaura un modo de organización de
la sociedad y de las mentes en el cual la especialización compartimen­ ta a los individuos, de forma que cada unO sólo tiene una parte estanca de responsabilidades. Con esta compartimentación, se pierde la visión de conjunto, lo global y, con ello, la solidaridad. Sin olvidar que la educación hiperespecializada reemplaza la antigua ignorancia por una ceguera nueva, que se mantiene gracias a la ilusión de que la raciona­ lidad determina el desarrollo, cuando lo cierto es que éste confunde la racionalización tecnoeconómica con la racionalidad humana.
Esta ceguera es resultado también de la concepción tecnoeconó­ mica del desarrollo, que no conoce sino el cálculo como instrumento de conocimiento (tasas de crecimiento, índices de prosperidad, de renta y estadísticas que pretenden medirlo todo). El cálculo ignora no sólo las actividades no monetarizadas como las producciones domés­ ticas y/o de subsistencia, los favores mutuos, el uso de bienes comunes y la parte gratuita de la existencia, sino también y sobre todo aquello que no puede calcularse ni medirse: la alegría, el amor, el sufrimiento, la dignidad, en otras palabras, el tejido mismo de nuestras vidas.

La efervescencia creativa
En nuestra época debería fraguarse un replanteamiento, más pro­ fundo, incluso, que el del Renacimiento. Hay que repensarlo todo. Debemos volver a empezar.
De hecho, todo ha empezado ya, pero sin que lo advirtamos. Esta­ mos en el estadio de unos preliminares modestos, invisibles, margina­ les y dispersos. Ya existen, en todos los continentes y en todas las na­ ciones, una efervescencia creativa, una multitud de iniciativas locales que avanzan en e! sentido de la regeneración económica, social, polí­ tica, cognitiva, educativa, étnica o existencial. Pero todo lo que de­ bería estar relacionado se encuentra disperso, separado, comparti­ mentado. Esas iniciativas no están relacionadas entre sí, ninguna administración las tiene censadas, ningún partido torna nota de ellas. Pero son la cantera de! futuro. Se trata de reconocerlas, de censarlas, de cotejarlas, de incluirlas en un repertorio, para abrir, así, una pluralidad de caminos reformadores. Son vías múltiples que, desarrollándose conjuntamente, podrán conjugarse para formar la nueva Vía, que des­ compondrá la que estarnos siguiendo y nos dirigirá hacia la metamor­ fosis, todavía invisible e inconcebible.

Más allá de las alternativas
Para elaborar las vías que han de convergir en la Vía, debemos deshacernos de las alternativas:
globalización/desglobalización crecimiento/decrecimiento desarrollolinvolución conservación/transformación
Es preciso, a la vez, globalizar y desglobalizar, crecer y decrecer, desarrollar e involucionar, conservar y transformar.
La orientación globalización/desglobalización significa que, si hay que multiplicar los procesos culturales de comunicación y de mundia­ lización, si es preciso que se cree una conciencia de Tierra-Patria, una conciencia de comunidad de destino, también es preciso promover el desarrollo de 10 local dentro de 10 global. La desglobalización daría una nueva viabilidad a la economía local y regional.6 Se dinamizarÍa la alimentación de proximidad, las artesanías y los comercios de barrio, las huertas en la periferia de la ciudad, las comunidades locales y re­ gionales. La recuperación de los servicios sanitarios, escolares y posta­ les de proximidad, la revitalización de los pueblos, donde volverían a instalarse cafés, panaderías y tiendas de ultramarinos, son procesos que rehumanizarÍan el mundo rural.
Valorar los recursos endógenos, materiales e inmateriales, asegu­ raría autonomía y calidad alimentaria, así como higiene ecológica; permitiría reconquistar la agricultura de subsistencia en el Sur, y la agricultura campesina en el Norte, así como restablecer los servicios públicos locales.
Al mismo tiempo, las relocalizaciones y la reordenación territorial de las actividades deberían ir acompañadas de una democracia parti­ cipativa local y regional, así como de la instauración de una política de civilización que revitalizase la convivencia y regenerase las solidari­ dades.

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de Fernando Sánchez-Migallón Diaz-Madroñero Publicado en Sin categoría

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